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La Obra es una Institución Educativa que propone distintas situaciones que le permitan al niño encontrarse con sus posibilidades, con sus saberes, con sus emociones, con sus actitudes y desplegarlas en una infinidad de espacios donde el aprendizaje se ponga en juego y se concrete.

¿Cómo lograrlo? Estamos convencidos que nuestra escuela posibilita, en el acto de enseñar, que sus alumnos logren apropiarse de diferentes contenidos que la Institución elige transmitir, junto a un otro y con otros que los contienen y los limitan. Esto permite generar en los niños, aprendizajes significativos que les posibilitan demostrar lo aprendido en cualquier contexto de la realidad, con una actitud crítica, reflexiva y con espíritu transformador.

Metodología de Trabajo

Nuestro trabajo consiste en propiciar y brindar un ambiente donde la confianza circule entre docentes y alumnos, un espacio donde el vínculo se construye con ladrillos sólidos, un lugar donde los afectos, el juego y los saberes se cruzan para disfrutar mejor de lo que se aprende. Ese espacio es y será “el lugar” donde se produce ese mágico encuentro tan necesario entre el niño y el conocimiento.
Metodológicamente creemos que el trabajo por proyecto, el adjudicarle un sentido a cada contenido que se enseña y el lugar del error como herramienta para la construcción de aprendizajes, son elementos necesarios para el trabajo dentro de las salas y de las aulas.

Los invitamos a leer el cuento “El Punto” de Peter H. Reynolds, para seguir comprendiendo cómo nuestra escuela se relaciona con lo que el personaje del cuento logra encontrar: un modo de mostrar, de comunicar, de expresar y por qué no, un modo de ser.
El Punto
La clase de arte había terminado. Pero Vashti se había quedado pegada a su asiento.
Su hoja estaba en blanco.
La profesora se inclinó sobre la hoja en blanco.
- ¡Ah!, un oso polar bajo una tormenta de nieve- dijo.
- ¡No se me ocurre qué dibujar.
La profesora de Vashti sonrió.
- Haz sólo una marca y mira adónde te lleva.
Vashti dejó su marca hundiendo el lápiz en el papel de un solo golpe.
La profesora tomó la hoja y la estudió atentamente.
- Hmm…
Devolvió la hoja a Vashti y tranquilamente dijo
- Ahora, fírmalo.
Vashti pensó por un momento…
- Bueno, quizá no sepa dibujar, pero sí sé escribir mi nombre.
A la semana siguiente, cuando Vashti entró en la clase de arte, se llevó una sorpresa al ver lo que colgaba por encima de la mesa de su profesora.
Era el punto. ¡Había enmarcado SU PUNTO! ¡En un marco dorado!
- Hmm… ¡Puedo hacer un punto mejor que ése!
Abrió su caja de colores, nunca-antes-estrenada, y se puso a trabajar.
Vashti pintó y pintó.  Un punto amarillo. Un punto verde. Un punto rojo.  Un punto azul…
Mezclando el azul con el rojo descubrió que podía pintar un punto violeta.
Vashti siguió experimentando.  Hizo un montón de puntos de muchos colores.
- Si puedo hacer puntos pequeños, también puedo hacer puntos grande.
Vashti esparció los colores con un pincel más grande, en un papel más grande y pintó los puntos más grandes. Llegó incluso a hacer un punto sin pintar un punto.
Unas semanas después, en la exposición de la Escuela de Arte, los puntos de Vashti causaron sensación.
A Vashti se le acercó un pequeño que le dijo con admiración:
- Eres un gran artista. Cómo me gustaría pintar como tú.
- Seguro que sabes- le constestó Vashti.
- ¿YO? No, yo no.  No sé trazar ni una línea recta con una regla.
Vashti le sonrió.
Le acercó al niño una hoja de papel en blanco -A ver…-, le dijo.
El lápiz del niño temblaba mientras trazaba su línea.
Vashti miró atentamente el garabato del niño. Luego le dijo…
- Y ahora… fírmalo por favor.